Espacios de cuidado para el cuerpo, la conciencia y la vida que se mueve dentro.

Yoga, terapia, masaje y meditación para habitarte con sensibilidad, presencia y enraizamiento.

Caminar con alma nos recuerda que
participamos del mismo movimiento
de vida que sostiene las olas, el sol
y la tierra.

Con raíz y con alas

Estamos en una cultura que nos ha enseñado a relacionarnos con nosotros mismos como si fuéramos objetos que hay que controlar, corregir o utilizar.

Poco a poco hemos ido perdiendo la experiencia de que somos naturaleza. Organismos vivos, sensibles e inteligentes que participan del mismo movimiento de la vida que sostiene los bosques, los ríos, las plantas y la tierra.

Ecología del Sentir nace del impulso de recuperar esa relación.

Siento el cuerpo como expresión de nuestra trayectoria vital, no como algo separado de lo que somos ni únicamente como un conjunto de estructuras anatómicas, emociones o pensamientos.

Como naturaleza estamos llenos de sensibilidad y vulnerabilidad, pero también de capacidad de autorregulación, regeneración y transformación.

Habitar esta interrelación es aprender a reconocer la vida desde dentro. Nuestros ritmos, necesidades, tensiones, ciclos y movimientos forman parte de la misma vida que contemplamos en los ecosistemas.

Creo que la salud no consiste únicamente en eliminar síntomas, sino en aprender a vivir cultivando una relación íntima con lo que nos nutre y con aquello que despierta nuestro sentido de pertenencia.

Mi dirección es proporcionar un espacio donde cada persona pueda reconocerse como un ecosistema dinámico y participar de la inteligencia viva de la que todos formamos parte, desde la cual crear, reorganizar y orientar sus propios procesos.

Salir a dar un paseo por la naturaleza, jugar con nuestras mascotas, tomar un té caliente en buena compañía, bailar o caminar descalzos también son maravillosos ejercicios de autorregulación.

Habitamos lo que sentimos para recordar que son los momentos simples los que nos llenan de vida.